Al avión se subió una familia judía que me llamó mucho la atención. El papá vestía todo de negro con su sombrero de copa y barba un poco larga, la mamá estaba vestida bastante sobria y traía un gorro raro que le cubría toda la cabeza y el cabello y además no traía maquillaje. Iban con seis niños: tres hombres y tres mujeres y parece que todos eran sus hijos. Los niños hombrestraian su "yarmulka" (¿así se escribe?) y toda la familia hablaba entre sí en hebreo y algo parecido al español (¿serían sefarditas?). Digo que hablaban en hebreo pues en Canadá nos enteramos que iban a Israel (¿de México a Israel haciendo escala en Canadá? pues parece que sí. Qué loco) y ví que el papá traía leyendo un librote escrito en hebreo además de un "bonche" de hojas, que se veía como un artículo de investigación, escrito en el mismo idioma
También el señor cargaba en el brazo muy cuidadosamente una bolsa de plástico transparente que contenía una mantita negra con un candelabro de siete brazos tejido en ella. Ji, ji, estuvo padre verlos. Los niños, muy en su papel de chamacos, comiendo papitas y galletas, jugando en el aeropuerto y patinando con unos patines chidísimos que me dieron mucha envidia. Eran unos patines que consistían de una dos rueditas pegadas como a un cinturoncito que se amarraba en el zapato o tenis en cuestión y pues si inclinabas un poco el zapato caminaban como si anduvieran en zapatillas, pero cambiandolo un poco de posición podían patinar. Imaginense poder hacer eso en los super-lisos pasillos del aeropuerto. Cuando los ví le dije a Omar, "¡yo también quiero unos así!" Mi chiquito sonrió pues le díó ternura mi comentario y me hizo cariños en la cabeza mientras me indicaba que avanzaramos en la fila en la que estábamos. El me conoce y sabe que aunque me diera unos patines así yo no los usaría. Chale, si yo no fuera tan miedosa.
No me impresionó tanto la vista que tuvimos de Toronto cuando ibamos llegando al aeropuerto pues se vé como plano y limpio. Después me enteré que el aeropuerto al que llegamos está a las afueras de la ciudad. Vaya.
Lo que sí dije cuando ibamos aterrizando fué:"¿y donde está la contaminación?" Je, pensé que toda ciudad que se precie de serlo debía de tener contaminación bien visible. Después al llegar en serio a Toronto ví que sí está contaminada pero no a los niveles que estoy acostumbrada por vivir en el D.F.
El aeropuerto se vé bonito, moderno y ...¿vacío?.¡Sí! Tons que le pregunto a Omar: ¿dónde chingados está la gente? Se rió de mí. Me dijo que aunque a este aeropuerto llega mucha gente de muchas partes del mundo no llega en las cantidades bárbaras con que llega a el Aeropuerto de la ciudad de México. Lo que es la planificación.
Y qué dijeron, ¿que ya se habian acabado las sorpresas? ¡no!. Cuando llegamos a migración que veo algo que hizo que mi piel se pusiera chinita: una mujer con burka. Sí, ese como vestido que tapa todo el cuerpo (de la cabeza a los pies) y solo deja una rendijita en la parte de los ojos. Bueeeeno, también las manos estaban descubiertas. Esta mujer iba con su familia: el esposo que iba vestido con bermudas, camisa polo y tenis; dos niños pequeños vestidos igual que el papá y una niñita como de tres años que iba en pantalón de mezclilla, playerita y peinada de trencitas. A lo mejor no era la mamá pero como que estaba raro que no lo fuera. Pienso que si la niña cuando crezca tiene que cubrirse toda pues que disfrute ahorita el poder sentir a flor de piel el viento, los rayos del sol sobre sus brazos, piernas y cara . En fin, así es la vida.
Bueno, no acaban ahí todas las sorpresas de ese día. En las oficinas de migración, mientras Omar y yo estábamos formados que empiezo a ver indú tras indú, ¿porqué chingados hay tantos acá?, también vi gente que parecían como paquistaníes, gente con turbante y barbas espezas y padrísimas cejas pobladas además de un color de piel tostadita pero es que se pasó de tueste cabrón fué un cuate negro negro tan negro como la tinta china negra. De verdad, si no es porque al reirse se le veia la boca, yo hubiera pensado que era una masa negra sin cara. Neta.
También ví que los empleados del aeropuerto eran de diversas razas, ora si que de chile mole y pozole. Había negros (pero no tanto como el mencionado anteriormente) cafés con leche, blancos-rojizos, pardos, amarillos, pardo indú, moreno- latino, güero-pálido y un largo etc que no sé como describir.
Lo que hizo que nuestra estadía en migración fuera rápida y sencilla es que mi Omarcín es re riata para el inglés, solo de escucharlo hasta creen que es gringo, je. Tons pues les hablaba claro y conciso a las empleadas de migración con que nos tocó la revisión de los papeles. No así otros pobres que hasta les tocó regañiza.
Un chavo mexicano que estaba en la ventanilla junto a la nuestra no sabía inglés (según el ) y cuando le hicieron las preguntas de rigor, pues que no contesta bien. Tons mandaron por una intérprete
que le empezó a hacer de nuevo las preguntas pero en español y el chavolín al contestar
que se empieza a contradecir y a hacer bolas, vaya uno a saber si por los nervios o porque no tenía ni puta idea de lo que iba a hacer en Canadá o porque estaba mintiendo. Ya casi lloraba el chavo cuando se la empezaron a hacer de jamón para dejarlo entrar a Canadá. A lo mejor ni lo dejaron pasar al país y lo regresaron a México, ya nos nos quedamos para enterarnos. Le pregunté a Omar que en general como le hacían las personas para no tener este tipo de broncas y el sabiamente me dijo que para contestarles a los de migración hay que tener antes lo de Kalimán: serenidad y paciencia además de buena labia. Así que ya saben mis queridos Solines, a seguir el consejo.
También el señor cargaba en el brazo muy cuidadosamente una bolsa de plástico transparente que contenía una mantita negra con un candelabro de siete brazos tejido en ella. Ji, ji, estuvo padre verlos. Los niños, muy en su papel de chamacos, comiendo papitas y galletas, jugando en el aeropuerto y patinando con unos patines chidísimos que me dieron mucha envidia. Eran unos patines que consistían de una dos rueditas pegadas como a un cinturoncito que se amarraba en el zapato o tenis en cuestión y pues si inclinabas un poco el zapato caminaban como si anduvieran en zapatillas, pero cambiandolo un poco de posición podían patinar. Imaginense poder hacer eso en los super-lisos pasillos del aeropuerto. Cuando los ví le dije a Omar, "¡yo también quiero unos así!" Mi chiquito sonrió pues le díó ternura mi comentario y me hizo cariños en la cabeza mientras me indicaba que avanzaramos en la fila en la que estábamos. El me conoce y sabe que aunque me diera unos patines así yo no los usaría. Chale, si yo no fuera tan miedosa.
No me impresionó tanto la vista que tuvimos de Toronto cuando ibamos llegando al aeropuerto pues se vé como plano y limpio. Después me enteré que el aeropuerto al que llegamos está a las afueras de la ciudad. Vaya.
Lo que sí dije cuando ibamos aterrizando fué:"¿y donde está la contaminación?" Je, pensé que toda ciudad que se precie de serlo debía de tener contaminación bien visible. Después al llegar en serio a Toronto ví que sí está contaminada pero no a los niveles que estoy acostumbrada por vivir en el D.F.
El aeropuerto se vé bonito, moderno y ...¿vacío?.¡Sí! Tons que le pregunto a Omar: ¿dónde chingados está la gente? Se rió de mí. Me dijo que aunque a este aeropuerto llega mucha gente de muchas partes del mundo no llega en las cantidades bárbaras con que llega a el Aeropuerto de la ciudad de México. Lo que es la planificación.
Y qué dijeron, ¿que ya se habian acabado las sorpresas? ¡no!. Cuando llegamos a migración que veo algo que hizo que mi piel se pusiera chinita: una mujer con burka. Sí, ese como vestido que tapa todo el cuerpo (de la cabeza a los pies) y solo deja una rendijita en la parte de los ojos. Bueeeeno, también las manos estaban descubiertas. Esta mujer iba con su familia: el esposo que iba vestido con bermudas, camisa polo y tenis; dos niños pequeños vestidos igual que el papá y una niñita como de tres años que iba en pantalón de mezclilla, playerita y peinada de trencitas. A lo mejor no era la mamá pero como que estaba raro que no lo fuera. Pienso que si la niña cuando crezca tiene que cubrirse toda pues que disfrute ahorita el poder sentir a flor de piel el viento, los rayos del sol sobre sus brazos, piernas y cara . En fin, así es la vida.
Bueno, no acaban ahí todas las sorpresas de ese día. En las oficinas de migración, mientras Omar y yo estábamos formados que empiezo a ver indú tras indú, ¿porqué chingados hay tantos acá?, también vi gente que parecían como paquistaníes, gente con turbante y barbas espezas y padrísimas cejas pobladas además de un color de piel tostadita pero es que se pasó de tueste cabrón fué un cuate negro negro tan negro como la tinta china negra. De verdad, si no es porque al reirse se le veia la boca, yo hubiera pensado que era una masa negra sin cara. Neta.
También ví que los empleados del aeropuerto eran de diversas razas, ora si que de chile mole y pozole. Había negros (pero no tanto como el mencionado anteriormente) cafés con leche, blancos-rojizos, pardos, amarillos, pardo indú, moreno- latino, güero-pálido y un largo etc que no sé como describir.
Lo que hizo que nuestra estadía en migración fuera rápida y sencilla es que mi Omarcín es re riata para el inglés, solo de escucharlo hasta creen que es gringo, je. Tons pues les hablaba claro y conciso a las empleadas de migración con que nos tocó la revisión de los papeles. No así otros pobres que hasta les tocó regañiza.
Un chavo mexicano que estaba en la ventanilla junto a la nuestra no sabía inglés (según el ) y cuando le hicieron las preguntas de rigor, pues que no contesta bien. Tons mandaron por una intérprete
que le empezó a hacer de nuevo las preguntas pero en español y el chavolín al contestar
que se empieza a contradecir y a hacer bolas, vaya uno a saber si por los nervios o porque no tenía ni puta idea de lo que iba a hacer en Canadá o porque estaba mintiendo. Ya casi lloraba el chavo cuando se la empezaron a hacer de jamón para dejarlo entrar a Canadá. A lo mejor ni lo dejaron pasar al país y lo regresaron a México, ya nos nos quedamos para enterarnos. Le pregunté a Omar que en general como le hacían las personas para no tener este tipo de broncas y el sabiamente me dijo que para contestarles a los de migración hay que tener antes lo de Kalimán: serenidad y paciencia además de buena labia. Así que ya saben mis queridos Solines, a seguir el consejo.
1 comentario:
Por lo que se lee, no tenias la mas palida idea de a que lugar venias y, tambien, que no has viajado mucho. Pero... al menos hay novelas y peliculas que te podrian haber ilustrado un poco. Suerte! en tu descubrimiento de este "nuevo" mundo.
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