miércoles, septiembre 27, 2006

Telecita y camarita


Pues con la novedad de que ya tenemos cámara fotográfica y tele. ¡Yupi! Jajaja. Ahora tengo que cuidarme al tomar fotos pues como que la gente se saca de onda si les sacas una foto y no les has pedido permiso, Ups, te ven raro, feo o con desconcierto como diciendo “¿y ésta porqué chingaos me saca una foto?” ¿pos que culpa tengo yo de que se vean tan fotografiables? En fin, gajes del oficio. Ora tengo que pelearme con la luz, las sombras, el encuandre y mi mal pulso. Sí, tengo un pésimo pulso que yo llamo acertadamente pulso de maraquero, residuo de mis años de fumadora. Ta bien linda la camarita, a ver si puedo sacarle una foto. De momento no habrá fotos en este blogcito pero esperen, pronto querrán que su conexión a la red sea más rápida para ver más y más fotos, (jajajaja, a ver si es cierto). Ya estoy haciendo las de la madriguera (casa) y una que otra de cosas padres tales como la comida. Ji. La tele…. Pues sí, ya está pero no creo verla mucho aún pues me canso, si, como lo leen, me canso de verla. Recuerden que los programas están en inglés y pues aunque le pongo los capshons pues aún no conozco muchas palabras. Por el momento he visto algunas caricaturas para niños en edad preescolar (me encantaron, hasta vi por primera vez en mi vida la de Dora la exploradora), un comercialote de amnistía internacional donde quien solicita apoyo económico para esa fundación es nada más y nada menos que la aún guapa Susan Sarandon. Este “comercialote” me impactó por sus escenas además de que los presentadores hablan pausado y como dicen por ahí: una imagen dice más que mil palabras, pues lo entendí. Por algo se empieza.

Les contaré la aventura de la tele, estuvo padre. Omar y yo queríamos una tele para nuestra madriguera y pues la única forma de tener una (al menos la que ambos veíamos más viable, Omar aún nos se anima a robar nada) era comprarla. Fuimos a una tienda de aparatejos usados cerca de la universidad y encontramos una de 27 pulgadas a 100 dls canadienses. Nos pareció muy buena oferta, pero como aún no sabemos cuanto cuestan aquí las cosas pues decidimos ir a otros lugares para ver los precios y comparar, la verdad no teníamos prisa por adquirirla. Tons fuimos como a otras dos tiendas chicas pero de artículos nuevos y encontramos (poquitas) telecitas de menos pulgadaje como 120 dls y una de igual pulgadaje como a 230 dls. Dijimos, “ok, parece que la mejor opción es la que vimos primero, pero ¿qué tal si vamos a una de las tiendas grandes?” Pos que vamos y cual fue nuestra sorpresa al ver que en esas tiendas casi todas las teles que venden son planas, si, planas. Grandes, chicas medianas pero planas. Se ven re bonillas pero están caras. Tons preguntamos si tenían teles prehistóricas, perdón, teles no planas y pues en algunos lugares de plano nos dijeron que no y que la verdad ya no iban a tener de esas. Chin, la modernidad ya llegó y nosotros aún buscando un ejemplar de museo. Viendo lo caro de las hermosas teles de pantalla plana y lo escasas de las gordotas decidimos ir por la primerititíta que encontramos: la usada de 100 dls. Como ya era tarde pues decidimos ir al día siguiente. Nuestro nido es pequeño tons yo me preguntaba dónde carajos ibamos a poner esa madresota, pero en fin, íbamos a tener tele, pero eso no era todo el problema sino el pedo que nos iba a costar llevarla a la casa. Pues ni modo. Al otro día Omar y yo nos pusimos de acuerdo para vernos en la tarde y entre los dos, un milagro y un chingo de esfuerzo llevarla a casita. Cuando en la tarde ya me encontré con omar que me sale con la noticia de que ya teníamos tele y gratis pero no era de las dimensiones montruosas como la que ibamos a comprar, era mucho más pequeña y en efecto así fue. ¿qué como pasó esto? Ahhhh, pues ahí les va el cuento: En la mañana que Omar ya se iba a la universidad que se encuentra con nuestra casera y pues en el camino al metro (ella le dió un “aventón”) se pusieron a platicar y el le contó que íbamos a comprar una tele. Ella le dijo que tenía dos y que una no la usaba, y que la que usaba la usaba poco. Tons le dijo que si queríamos podía prestarnos una. Guauuuuu, que suerte tienen los que no se bañan, ya lo decía yo, y justo el día que no me bañé. Pos aceptamos el préstamo (je, el ahorro es bienvenido siempre) y ya tenemos una flamante telecita que parece que hará de nuestras noches -o al menos las de Omar- noches más felices por los programas cómicos que pasan a esas horas.

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